Existencial, de hecho; Siglo XXI, década de los 20´s.
Hannia Hoffmann Eric Díazserrano

La historia se ha venido narrando como la historia de vida de los políticos y de las personas influyentes desde el punto de vista de élite, económica y políticamente dominante. Esto es lo que se conoce como historiografía...

Al existir una ruptura con esa forma de plantear las historia, para incluir la historia de los grupos humanos diversos y no solamente de los poderosos, se vino a producir un cambio rotundo en la manera de percibir la evolución de la historia universal y particular de cada grupo humano.

Al percatarse de eso, un gran sector de las nuevas generaciones se autoperciben engañadas, por lo que han perdido credibilidad en lo tradicional y en lo considerado sobrio, pues consideran que todos los datos históricos han sido, y son, manipulados en beneficio de los pequeños grupos sociales altamente poderosos tanto en lo económico como en lo político.

De verdades de hecho que de hecho han sido y son, según la forma particular de quienes las han contado. Esto conduce a que este sector social se torne intolerante hacia lo tradicional y hacia el conocimiento clásico, negando lo heredado y considerando que sólo la vivencia existencial tiene valor permisible.

Se llega a considerar que determinada verdad sólo tiene valor si es avalada por una mayoría (en un concepto equivocado, falsa democracia) desdeñando el criterio de verdad, la filosofía y la ciencia; dando prioridad a "verdades comerciales", que protegen los intereses del mercado de consumo masivo.

Esta posición de desconfianza hacia lo razonable, hace, a este sector de población, vulnerable ante ideologías absurdas, al no aplicar ningún criterio de verdad, por lo que pueden creer cualquier manifestación absurda o verosímil sin sustento científico alguno. Así, son dominados por un maniqueísmo que les conduce a exigir la revisión y rectificación de los valores simbólicos e historia, incluso calificando de trangresores a quienes no coinciden con su percepción de la realidad histórica e incluso, hasta de la ciencia.

Esta actitud lleva a este sector de la población a sentirse aludidos por cualquier acción, pasada o presente, que consideren, arbitrariamente, lesiva a sus valores de identidad o creencias, tales como raza, género, religiosidad o diferencias sociales económicas; por lo que exigen unilateralmente que las personas, en general, aun ya fallecidas, "corrijan" sus acciones y hasta el uso de su idioma, acorde a lo que, según este sector de población, considera que es correcto, sin importar agredir a los demás y coartar sus libertades fundamentales.

Tal excentricidad corresponde a una vivencia existencial hartamente presentista, dadas las creencias falaces de que pueden alterar cuanto no les guste del pasado ni del futuro inmediato, no sólo el propio sino también el de las demás personas, a quienes estigmatizan por no seguir sus pautas de conducta e ideologías propias de una práctica ingenua e ignorante. Anima pensar que se trata de "bebés adultos" que, caminado el tiempo podrán dar cuenta, o no, de sus falacias juveniles bien entradas estas personas en la etapa posterior a su cuarentena de años vividos.

Consideremos que estos protagonistas son dueños de un escenario en donde, cada quien, se aplaude a sí mismo una y otra vez, en una vivencia presencial que le lleva a repetir constantemente cuanto hizo, cuanto hace, qué productos consume y aúna un amplio sentido para derribar toda estructura a su juicio retrógrada con ánimo de reemplazarla por la suya, propia de estos individuos contemporáneos.

En el entedido de que las cosas o sucesos no pueden ser de la manera en que este sector de población quiere, o quisiera que sucediera, les produce sensaciones de impotencia que los convierte en personas que posiblemente apoyarían cualquier causa o ideologías, aun si estas mismas causas fueran en contra de sus intereses particulares o sus propios derechos y libertades fundamentales, sea, poseen comportamientos similares a bueyes que pueden ser conducidos al bebedero, independientmente si el agua fuera potable o no, sea, desde perspectivas emocionales lejos de racionalidad alguna.






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