De Trovas

Palomas, palomas y más palomas...

Las aves tienen un lugar muy especial en el mundo simbólico de diversas culturas. En Inglaterra una leyenda asegura que mientras las aves sean alimentadas el país será próspero. Y en la cultura occidental se suele representar la paz con una paloma blanca que lleva en su pico un olivo. Hemos visto también, cuando se celebra la inauguración de eventos internacionales como olimpiadas, campeonatos deportivos, festejos o inauguraciones se acostumbra soltar palomas blancas al inicio de la ceremonia.

Y es que las palomas han estado entre los humanos desde hace muchísimo tiempo. Hay gran diversidad de ellas. Difieren en colores y tamaños. Por su gran parecido es fácil confundirlas y suele creerse que todas son palomas mensajeras, pues siempre regresan al lugar donde nacieron. Es por esta razón que antiguamente se les amaestraba para atarles mensajes en sus patas.



En la ciudad San José, Costa Rica, algunas personas mayores afirman que inicialmente fue en el edificio del Colegio Superior de Señoritas el mayor sitio de alojamiento de estas aves, luego el Teatro Nacional, con lo que afloró su estancia en la Plaza de la Cultura donde, confiadas, caminan entre transeúntes, mientras los niños las alimentan con el maíz especial que sus padres compran a los vendedores, que han encontrado en el nuevo hábitat de esas aves, una forma de ganar su propio sustento. Son muy tiernas las imágenes de niños jugando y riendo entre las palomas en plazas y parques del Valle Central.

El sitio lectorias.net/trovas.html nos refiere a uno de los poemas de Hannia Hoffmann, precisamente sobre las palomas. Aquí el poema titulado Verano azul, del libro Juego Canto:

Diciembre viento frío.
Intensa tarde azul.
Callecitas de barrio.
Cotidiano camino
donde juegan los niños
en la luz del verano.

Vinieron tres palomas.
Se posaron ahí, delante,
en el camino que tenía para mí.

Palomas de Castilla.
Plumas negras, pintadas
con verdes esmeraldas.
Matices infinitos de color de café.
Y, la de la derecha,
con esas blancas plumas
que parecen de espuma.

Se movieron, confiadas, sobre sus suaves pasos,
en sutiles segundos que en mi mente grabé.
Mientras los niños juegan, camino por la calle
con tres guardias-palomas, escolta en derredor.

También, como jugando,
aquellas tres palomas desplegaron sus alas.
Emprendieron el vuelo.

Yo, seguí caminando bajo el cielo,
dueña ya del recuerdo de aquellas alas
moviéndose en el viento.

Diciembre, tarde fría, verano azul...

Excelente sitio.



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