Eric Díazserrano, Evasiva Verdad

Evasiva Verdad, filosofía práctica de la producción


< Aquí el Capítulo Seis, Leibnitz, básicas sobre el conocimiento

Capítulo Siete, Kant, del espacio y del tiempo

A mí se me ocurrió empezar
por dividir el conocimiento humano
en tres grandes grupos: primero,
el conocimiento matemático;
segundo el conocimiento físico
y tercero el conocimiento metafísico.

Esta división parece pobre y sin embargo
comprende la totalidad del saber,
porque el conocimiento matemático
-según mi forma de ver-
nos pone en presencia de las formas
universales posibles de todos los
objetos, de todo ser, de toda existencia.

El conocimiento físico es, en cambio,
el conocimiento de la realidad misma,
el conocimiento de las cosas, la ciencia
del conjunto de todos los objetos reales
en general; y luego la metafísica,
ciencia de aquellos objetos
que no nos son accesibles en la experiencia;
extendiendo un poco más el sentido:
"fundamento de cualquier sistemático
conocimiento de la naturaleza
como primeros principios o cimientos
de cualquier conocimiento objetivo".

Entonces ya entenderán ustedes por qué llamé
"exposición metafísica del espacio"
a esa exposición en que traté del espacio
como "a priori" y como intuición.

Aquí dejé y mostré que el espacio
es el fundamento, es el último cimiento
sobre el cual se asientan las matemáticas
y es en este sentido en que uso
la palabra metafísica.

El espacio es "a priori", es decir,
absolutamente independiente
de la experiencia. Nosotros podemos
perfectamente bien pensar el espacio
sin cosas, pero no podemos
de ninguna manera
pensar las cosas sin espacio.

Por consiguiente el pensamiento
de las cosas supone ya el espacio,
pero el pensamiento del espacio
no supone las cosas.

Es perfectamente posible pensar
la extensión pura del espacio,
el espacio infinito,
tendiéndose en sus tres dimensiones,
infinitamente sin ninguna cosa en él.
Pero es absolutamente imposible
pensar una cosa real, sin que esa
cosa real esté en el espacio,
es decir, en el ámbito previo
en el cual se localizan cada una
de nuestras percepciones.

Así pues, el espacio es "a priori",
no se deriva de la experiencia,
sino que la experiencia lo supone;
ese espacio es una intuición,
no es un concepto.

¿Qué diferencia hay entre
un concepto y una intuición?
El concepto es una unidad mental
dentro de la cual están comprendidos
un número indefinido de seres y de cosas.

El concepto de hombre, por ejemplo,
es la unidad mental de aquellos caracteres
que definen a todos los hombres.

Por consiguiente, el concepto cubre
un número indefinido de cosas,
de seres a los cuales se refiere.
En cambio, intuición es la operación,
el acto del espíritu que toma conocimiento
directamente de una individualidad.
Yo no puedo tener intuición de objeto
de un concepto, puesto que éste
es un número indefinido de seres.
Puedo tener intuición de "este" hombre,
concreto, particular, uno solo;
pero no puedo tener intuición
del hombre en general.

Una intuición nos da conocimiento
de un objeto singular, único,
y eso es lo que ha sucedido con el espacio.
El espacio no es un concepto,
porque este término no cubre una especie
o un género; no hay muchos espacios;
no hay más que un solo espacio,
el espacio es único.

Sin duda hablamos de varios espacios,
pero cuando lo hacemos,
cuando decimos, por ejemplo,
que en un edificio hay muchos espacios
(cada sala contiene un espacio);
cuando decimos eso,
es una manera literaria de hablar,
porque en realidad sabemos muy bien
que cada uno de esos espacios
particulares no son más que una parte
del Espacio Universal, el único espacio.

Por consiguiente, el espacio no es un concepto,
sino una intuición. Así pues, todas nuestras
percepciones sensibles referentes a objetos
exteriores, contienen ya implícita
la forma del espacio, su forma en el espacio;
porque el espacio no es una cosa más
además de las otras cosas,
sino que es la condición que el sujeto
impone a la cosa para que ésta sea
cognoscible por nosotros.

El espacio es, pues, una forma
de sensibilidad trascendental.
Y por eso es que podemos,
sin mirar a las cosas,
con los ojos cerrados,
los oídos tapados,
construir enteramente la geometría
y estar, sin embargo,
seguros absolutamente,
sin temor de ser desmentidos nunca,
que nuestra constitución geométrica
va a aplicarse perfectamente a la realidad.

Ahora bien; lo que acontece al yo,
implica ya el tiempo,
porque todo acontecer es un sobrevenir,
un advenir, un llegar a ser algo
de lo que todavía aún no es; es decir,
que ya de antemano está supuesto
el cauce, el carril general en donde
todo lo que acontece, acontece;
o sea, el tiempo.
Acontecer significa que en el curso
del tiempo algo viene a ser, a existir.

Por consiguiente,
si toda percepción sensible
es una vivencia y toda vivencia
es algo que sobreviene en nosotros,
este algo que sobreviene en nosotros,
sobreviene ahora, o sea después
de algo que sobrevino antes
y, antes de algo que va a sobrevenir
después: es decir que tal acontecer
ya implica el tiempo, para poder existir.

Podemos pensar, concebir muy bien
el tiempo sin acontecimientos,
pero no podemos de manera alguna
concebir un acontecimiento sin el tiempo
(del mismo modo que al hablar
del espacio decíamos anteriormente
"que podíamos concebir el espacio
sin cosas u objetos en él,
pero no podíamos concebir cosa
alguna que no esté en el espacio").
¿Qué quiere decir ésto? Quiere decir
que el tiempo no es un concepto,
el tiempo es "pura intuición".
Así, pues, el espacio y el tiempo
son las formas de la sensibilidad.

El espacio es la forma de la experiencia
o percepciones externas,
mientras que el tiempo
es la forma de las vivencias,
o percepciones internas.

Mas toda percepción externa tiene
dos caras: es externa por uno
de sus lados, por cuanto está
constituida por lo que llamamos
en sicología un elemento presentativo;
pero es interna por otro de sus lados,
por cuanto al mismo tiempo
que yo percibo alguna cosa,
voy al mismo tiempo dentro de mí,
sabiendo que la percibo; pero,
no solo la percepción de ella obtengo,
sino también la apercepción;
esto es que me doy cuenta
de que la percibo. Así pues,
es al mismo tiempo un salir de mí
hacia la cosa real, fuera de mí,
y un estar en mí mismo, en cuyo
mí mismo acontece esta vivencia.

Por consiguiente, el tiempo tiene
una posición privilegiada,
porque el tiempo es forma
de la sensibilidad externa e interna,
mientras que el espacio sólo es
forma de la sensibilidad externa.

Esta posición privilegiada del tiempo,
que comprende en su seno
la totalidad de las vivencias,
tanto en su referencia a objetos
exteriores, como en cuanto a
acontecimientos interiores,
es la base y fundamento
de la compenetración que existe
entre la geometría y la aritmética.

La geometría y la artimética
no son dos ciencias paralelas,
sino que son dos ciencias
que se compenetran mutuamente.
Esto es posible porque
el espacio y el tiempo,
base de las matemáticas,
no son cosas que nosotros
conozcamos por experiencia,
sino que son formas
de nuestra facultad de percibir las cosas,
y por lo tanto son estructuras
que nosotros "a priori", fuera
de toda experiencia imprimimos
sobre nuestras sensaciones
para convertirlas en objetos cognoscibles.

Continúa aquí; Capítulo Ocho, Marx, el materialismo histórico >


Evasiva Verdad:
Introducción
Proemio
Sócrates, mayéutica
Platón, dialéctica
Aristóteles, Lógica

Aquino, análisis
Descartes, dubitar
Leibnitz, espacio
Kant, tiempo y moral
Marx-Engels, materialismo
García Morente, quehacer
Einstein, relativa

Evasiva Verdad, filosofía práctica de la producción; desde filósofos grecos a la actualidad
Evasiva verdad




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