Juan Bansbach Küpfer, era un técnico especializado en órganos tubulares de iglesias. En su juventud, trabajaba en una fábrica en Alemania cuando la Curia Metropolitana Costarricense escribió a la fábrica aduciendo que necesitaban darle un mantenimiento como una restauración importante al órgano de la Catedral Metropolitana de San José de Costa Rica.

Entonces, internamente, en uno de los pizarrones de corcho que tenía la fábrica para comunicarse con el personal, Juan Bansbach vió un volante que decía: "Oportunidad, en el Nuevo Mundo para irse por un plazo de mínimo un año, para trabajar dando mantenimiento a un órgano ". Mi abuelo, según dice Werner Bansbach, tomó el papel diciéndose a sí mismo " Esto es para mí".

Él se vino en barco, llegó a Puerto Limón el 20 de abril de 1937 y empezó a trabajar directamente en el órgano de la Catedral. Como don Juan tenía mucho conocimiento técnico de otros instrumentos, tales como acordeones y armonios otras iglesias contrataron sus servicios dada la necesidad de dar mantenimientos; de manera similar favoreció a sus nuevos clientes que por esos tiempos eran personas que ya tenían sus armonios y sus acordeones que le solicitaron su ayuda, por lo que don Juan estuvo atento al desenvolvimiento musical que existía en el país.

En ese abril de 1937 la ciudad de San José era atractivamente señorial y aldeana a la vez. En aquel mundo nuevo para Don Juan gozaba en su gran brillo el Teatro Nacional y el tranvía eléctrico.

En este tranvía era norma general hablar en voz baja para no interrumpir a los demás pasajeros; hablar bajito era como una consigna por la cual las personas demostraban ser poseedoras de gran cultura. Don Juan Bansbach conoció muy bien este medio de transporte que recorría desde La Sabana a San Pedro pasando por la Avenida Central a solo cien metros de su empresa Juan Bansbach Instrumentos Musicales, situada aún hoy en el mismo lugar. Durante 50 años, desde el 9 de abril del año 1899 el tranvía recorrió la ciudad de Este a Oeste y de Norte a Sur hasta el 1º de agosto del año 1950 al agotarse su función.

Por estos lares conoció a Doña Hilda Miller quien se convertiría en su esposa. Su historia de amor tiene su particularidad. Ella tuvo 12 hermanos y varios vivían en Costa Rica. Como regalo prematrimonial por compromiso con otro joven en Alemania, vino a visitar a su familia y don Juan la flechó para siempre y nunca regresó a Alemania. Tuvieron cuatro hijos: tres varones y una mujer.

La empresa de don Juan Bansbach convino entonces con las manifestaciones culturales del país propias de esta frontera sur de mesoamérica donde se conjuntan los ritmos de muchos lugares del planeta. Dentro de los más antiguos el vals con sus propias características, lo mismo que la Mazurca y la Polka provenientes de Europa, vía España.


Templo de la Música (a 200 metros de Bansbach, San José)

Juan Bansbach Küpfer



En esos años nació “La guaria morada” del Talolinga Roberto Gutiérrez Vargas que junto con la música criolla provienente de la danza andaluza los costarricenses escucharon “Caña dulce” de José J. Salas y José Daniel Zúñiga

Es a finales de esa primera mitad del siglo 20 cuando al Valle Central incursiona el ritmo afrocaribeño, cadencioso, cuyo origen media por las islas de Trinidad y Tobago con mayor ahinco jamaiquino que por lo contagioso de su ritmo y su cadencia, fue rápidamente adoptada por toda la población costarricense.
Sucedió similar con la balada y el bolero que nos llegó desde Cuba donde se mezcló con los ritmos africanos aunadas maracas y timbales que dio como resultado la canción cadenciosa que se mantuvo en toda la segunda mitad del siglo 20 y en este milenio. Bansbach estuvo y sigue estando allá y aquí.



La música Callejera se desarrolló como manifestación urbana con ritmo acompasado como en "La botijuela” de autor desconocido y ”Morena linda” de Adán Guevara Centeno y Saturnino Cubillo que se escuchaba diariamente junto con el Corrido mexicano adaptado de manera particular como en la canción “Mi linda Costa Rica” del nicaragüense Tino López Guerra autor también, de “Viva León Jodido”.

Entre muchas Parranderas interpretadas por bandas de pueblo (las llamadas cimarronas) está el ritmo del tambito (llamado así por el poeta José Ramírez Sáizar) presente en "Caballito Nicoyano" de Mario Chacón, "Pasión" de Pasión Acevedo, "El Torito" (anónimo), "Nayuribes" de José Ramírez Sáizar y Jesús Bonilla alternaron con el Punto Guanacasteco, declarado baile nacional que destaca, además de su ritmo, melodía y armonía, por las famosas “bombas” que son divertidas coplas que se intercalan cuando se interrumpe la música a solicitud de los danzarines. Bansbach estuvo y sigue estando allá y aquí.



Por esos tiempos de mediados del siglo 20 el Tango también estuvo presente sobretodo por la influencia que ejerciera el zorzal criollo Carlos Gardel. Este ritmo porteño argentino fue un género de difusión entre músicos del medio nacional. Llegó a nuestro folklore y la principal pieza exponente de este ritmo, dentro de la música tradicional costarricense, es “El huellón de la carreta” de Héctor Zúñiga Rovira autor también de "Amor de Temporada" canción famosa por ocupar los primeros lugares de la radiodifución costarricense por más de una década junto la muy conocida canción Pampa, Vals costarricense de Aníbal Reni (Eulogio Porras) y Jesús Bonilla. Bansbach estuvo y sigue estando allá y aquí.

Juan Bansbach sufrió también los embates de la Gran Guerra Mundial



Posteriormente, por las complicaciones de la Segunda Guerra Mundial Juan Bansbach pasó a llamerse don Juan porque las personas lo llamaban así: don Juan. Es así como nace el nombre de la empresa de Juan Bansbach Instrumentos Musicales.

Doña Hilda tuvo un desempeño fundamental durante esa época. Sucedió que vino la época en donde los alemanes fueron deportados a Estados Unidos, como retenidos de guerra. Don Juan estuvo varios años allá, por lo que la abuela de Werner Bansbach, doña Hilda, se encargó, solita, de los hijos y todo lo concerniente a la empresa. Con mucho apoyo de la colonia alemana, salió adelante. Ya después, cuando don Juan regresó, retomaron la vida juntos y los proyectos que traían y siguieron construyendo la empresa.

Hoy Bansbach es mucho más que una tienda de instrumentos musicales tal como es visible en su sitios web. Muchos estudiantes infantiles llevan una flauta en el bulto. Quienes forman parte de nuestro proyecto de flautas empiezan con la flauta dulce; así se aprende la digitación, la embocadura, la postura, la respiración, y la lectura al utilizar una herramienta musical tan económica como es la flauta. Entonces, una vez que aprenden a tocar la flauta, es fácil pasar al clarinete, o bien es fácil pasar al saxofón y a otros instrumentos; porque ya muchas de las bases se construyen a partir de la flauta dulce.

Colateralmente, los colaboradores del equipo de Bansbach ayudan a las personas a encontrar y a facilitar el proceso de aprendizaje del instrumento musical de su elección. Así, por medio de la música, los Bansbach han hecho y hacen su aporte musical que comprende, además, una filosofía de vida en un mundo pletórico en armonías.


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