Segunda crónica de la entrevista con la familia Bansbach

Doña Marlise

Doña Marlise Steinvorth Herrera es la esposa de don Hans Bansbach Miller. Madre de don Stephan y don Werner Bansbach.
Sus dos hijos son quienes, al día de hoy, están a cargo de la empresa. Y es en su casa de habitación en donde estamos realizando esta serie de entrevistas.

Mientras conversamos en la sala de su casa, en San Pedro, en el marco acústico que conforman el canto de las aves que hay en el patio interno y las campanas de los relojes que embellecen las salas, doña Marlise nos cuenta sobre su vida:

- Marlise:
“Sí. Yo fui de cuatro años en avión, a Alemania”.

Don Hans explica :
- “Había que ir a Panamá, primero”.

Ella continúa:

- “Sí. Eran aviones de hélice KLM, que la única línea aérea, nada más. De San José-Panamá. Panamá no me acuerdo. Curazao, Las Islas Azores”.

Hans asevera:
- “Sí, entraban a Portugal”.

Werner agrega:
- “Avión lechero”. Hans aclara:
- “Es que el lechero era que tenían que ir cargando combustible”.

Marlise continúa:
- “Exacto. Ir cargando gasolina. Iba uno aterrizando cargando gasolina y”…

Hans acota:
- “Eran los famosos “super constellation “…Y pasando por la Guaira”.

Marlise:
-“De la Guaira no me acuerdo. Pero, yo, pues muy poco me acuerdo. Pero sí, algo me acuerdo. Sí, me acuerdo. Sobre todo, se me grabó Portugal.

Allá estaba, en Alemania, también, mi abuelita. Y mis papás me llevaron a Alemania, en ese momento. Aparentemente, ahora me entero, hace poco, cuando nació el último hijo Werner, que fue por un soplo en el corazón que decidieron llevarme, a que me vieran médicos de allá”.

Doña Marlise reflexiona un momento y, luego, nos cuenta la historia de cómo se conocieron ella y su esposo Hans.
Marlise:
- “Nosotros éramos compañeros en el Colegio. Yo siempre estuve en la Escuela Alemana (nuevamente se escuchan las campanas de uno de los relojes), el Colegio Humboldt. Entré a Primer Grado, en el 56. Y, ahí fui, tranquila, “pa’arriba”.Y, este señor, era bastante rematado. Estuvo en varios colegios.
La cuestión es que él perdió el año, en La Salle. Y tuvo que repetir, entonces lo pusieron en el Vargas Calvo. Y ahí también se volvió a quedar. Y la cuestión es que, entonces, como última opción, lo metieron ahí en el Colegio Alemán, que ya había llegado al nivel en que él estaba. Porque el año mío fue el primero, en 1956, y, este, era nada más Kinder, Primero y Segundo, una cosa así. Después, cuando el primer grado llegó a sexto grado, ahí decidieron seguir ya con secundaria, que fue el año mío, que comenzó a seguir. Y ahí aterrizó él, en algún momento, fuimos compañeros. La clase era bastante pequeña. Terminamos siendo compañeros en Quinto Año”.

En Alemania

El pito del tren interrumpe a doña Marlise, quien trae de sus recuerdos la continuación de la historia:

- “Éramos ocho, en la clase.

Cuando nos graduamos de secundaria, nos fuimos los dos para Alemania. Yo, por mi lado, me mandaron a un internado, ene l Sur de Alemania, en los Alpes. Y él se fue para Colonia. Él se fue a hacer allá una pasantía de tres años”.

Hans aclara:
-“Eso se llama una educación dual”.

Marlise prosigue con su narración:
-“Sí. Educación dual. Exactamente. Y, estando en Alemania, ahí nos ennoviamos”.

Hans complementa la idea:
- “Por carta”…

Marlise:
- “Por carta… (ríe feliz) Prácticamente no tuvimos un noviazgo físico, digamos.

Allá nos topamos, para una Navidad, adonde una señora, parienta política mía, en Hannover, que, en alguna de sus venidas a Costa Rica, esa señora, había conocido a los papás de Hannes también, y a mi esposo. Y entonces, como sabía que él estaba allá y que éramos compañeros, lo invitaron. Y allá estaban mis primos, también, y entonces para hacer un grupo de juventud. Y ahí, ahí fue donde nos ennoviamos de verdad. Pero después él se fue para Colonia y a mí me mandaron otra vez para el internado. Terminaron ese fin de semana las vacacioncitas ahí de, de Navidad. Y, después, yo me tuve que venir para Costa Rica. Pero me volvieron a mandar allá posteriormente, porque yo no quería venirme para Costa Rica. Y, por tal, logré que volvieran a permitirme ir a otro internado; y ahí fue que mis papás olieron que estábamos ennoviados. Y entonces fueron allá. Y, diay, en alguna forma nos topamos con el Señor, con mis papás, desde luego. Y donde nos vieron que de veras estábamos ennoviados, lo pusieron entre la espada y la pared. ¿Qué te dijeron?”

Hans responde:
- “Que si yo prometía no ir a Suiza al internado donde ella estaba, la dejaban estar ahí”.

Marlise:
- “Ni vernos”…

Hans:
- “Ni vernos. Sólo por carta. Y entonces, diay, yo fui muy franco y dije:
- ¡No, no, no puedo! ¡ No lo puedo prometer!”

Marlise:
- “Diay, me trajeron de las orejas. Hace muchos años de eso. Ya tenemos 52 años de casados. Y eso fue antes, todavía. Las costumbres eran muy distintas”.

Allá ,en Alemania, Marlise y Hans se comunicaban en español, aunque ambos hablan la lengua alemana.
La narración continúa:
Marlise nos cuenta que:
- “Cuando me trajeron de nuevo a Costa Rica, lo que hice fue que empecé a trabajar en la Radiográfica. Era telefonista. Y ahí, entonces, hablaba por teléfono “.(ríe)

Hans: - “Llegaron líneas nuevas entre Costa Rica y Alemania”.

Marlise:
-“Es que antes, diay, todo era así. Antes no existía el Cable, la comunicación por cable marino se instaló en ese tiempo, más o menos. Entonces a mí, en ese momento, me tocó hacer algunas de las pruebas. Y como ya hablaba alemán, pues me tocó entonces ver cómo funcionaba eso con Europa, verdad”.

Hans:
-“Y era muy chistoso porque, digamos, yo estaba en la noche , ahí, en la casa donde yo vivía, haciendo algo, y de pronto me llamaba el Señor de la Taberna y me decía: - Hey, la llamada de Costa Rica para vos. Y hablábamos 20 minutos o 15 minutos. Y la gente decía: -Pero, si eso sale carísimo. Y yo le decía: - Ah sí, sí. Pero a mí me llaman, yo no tengo que pagar nada. Y después les conté que estaban inaugurando. Entonces: - Ah, con razón. Claro. Así, sí.

Pianos Japoneses: Bansbach y Yamaha

En el transcurso de la conversación, surgen muchos recuerdos, tanto de la familia como de la empresa.

Don Hans –conocido en la familia como Hannes, para diferenciarlo de su padre- cuenta cómo surgió la relación comercial entre Juan Bansbach Instrumentos Musicales y la empresa japonesa Yamaha.

Hans:
- Papá empezó con los pianos, porque había un señor que viajaba por Centroamérica y era cliente de papá. Y le decía:
– “Don Juan, viera que vi unos pianos ahí en Guatemala, japoneses”.

Papá decía:
- “¡Japoneses! ¡Esos son de bambú!
¡Esos son de bambú!”

En un viaje posterior, el señor le trajo una tarjeta., que decía Nippon Gaki. Y Nippon Gaki significa Instrumentos Musicales de Japón. Nippon es Japón y Gaki Instrumentos Musicales.

Papá contaba que tenía esa tarjeta en el escritorio. Un día se decidió a escribir para probar los pianos. Y le dijeron que sí. Que podían mandar pianos Yamaha a Costa Rica..
Entonces no sé si trajo uno o dos modelos. Y, cuando llegaron esas cajas, las llevó de una vez a casa, donde nadie podía ver esos pianos, porque él no sabía qué era lo que estaba trayendo, decía:
- ¿Y si son de bambú? Los meto en la chimenea o yo no sé qué hago con eso. Pero yo el nombre de Bansbach no lo voy a dañar. Entonces nos contaba que los metió ahí. Y empezaron él y Oscar Leitón, por cierto, empezaron a abrir la caja y a ver de qué se trataba aquel producto japonés. Y entonces, diay, ya cuando tenía el teclado abierto, lo probó.
- Bueno, muy bien.

Lo volvió a probar… sacaron el piano, lo desarmaron de arriba abajo. Le revisaron todo donde vienen las maderas para las clavijas y todo eso, que es bastante complejo. Y, perfecto.
Y entonces lo afinó y dijo:
- Bueno, voy a probarlo mañana. Lo afinó, junto con el afinador y todo. Al día siguiente la afinación perfecta. Y seguía teniéndolo atrás, escondido, y todos los días iba y lo veía, verdad.

Y, un buen día, diay, llegó algún cliente que era pianista y así... y le dice:
- Mirá lo que tengo aquí.
El pianista se sentó:

- Diay, ¿Y eso ? Flá, flá, flá, cartita: - Solicito la distribución para Costa Rica .
-No tenemos distribuidor ahí, le respondieron.
Entonces ya sacó el piano y lo vendió, y sacó el otro, y lo vendió; y empezó a traer de seis en seis pianos, y se iban (vendiendo) y se iban (vendiendo) y todo. Y venían garantizados por diez años contra comején y garantía de diez años de fábrica. Y eso nadie lo da. En ningún piano. Y ahí ya arrancó Yamaha, y Yamaha le empezó a ofrecer otras cosas que hacían. Después vinieron los órganos electrónicos . En ese momento mi hermano trabajaba con él. Yo todavía no. Pero muy poco tiempo después entré yo también (a trabajar con él).

Yo fui el que inició con la Academia de Órgano. Empecé con seis alumnos.

Werner:
Con Ciro Vargas.
Hans:
Con Ciro Vargas.

La casa en la playa. Reciclaje

En Playas del Coco en Guanacaste, la familia posee una casa en la que, tradicionalmente, pasan vacaciones. Ahí han vivido muchas experiencias agradables y compartido tiempo en familia. Don Hans nos cuenta la historia de esa casa.

Hans:
- “Poco tiempo después a papá le dio un nini infarto, un día que fue al Irazú con un amigo; con un amigo alemán con el que él intercambiaba estampillas. El Señor le mandaba, de Alemania, estampillas; y él le mandaba estampillas de Costa Rica. Ese señor había sido profesor en la (Escuela) Humboldt y era filatelista. Papá también, pues a él le encantaban las estampillas. Entonces una vez el señor vino y le dijo:

: - Cuando vaya a Costa Rica quiero ir al Irazú. Que me acuerdo de es volcán y quiero ir.

Papá le dijo:
- Bien, yo lo llevo.
Y ahí a papá le dio un toquecito de infarto. Y entonces el doctor le dijo:
- Don Juan, usted, de ahora en adelante, se me va para la playa y no para un volcán. No vaya arriba, vaya abajo.
Papá buscó, entonces, un terreno litoral,. Y consiguió un terrenito en Playas del Coco, cuando ahí no había prácticamente nada. Construyó una casa pequeña ahí, para que pudiéramos ir.
Playas del Coco está en Sardinal, Carrillo, Guanacaste. Hoy en día es una próspera comunidad, con gran actividad comercial y turística.
Íbamos ahí los cuatro hijos, las cuatro familias, cada uno en vacaciones una semana, por ejemplo. También él y mamá empezaron a ir, entonces, una vez al mes. Y se quedaban una semana al mes. O a veces diez días, dependiendo de varias circunstancias”.

Werner aclara:
-“Porque don Juan se sentía mucho mejor cuando estaba allá abajo”.

Hans reafirma:
-“Sí, tenía mucho mejor salud, mejor oxigenación estando ahí”..

Marlise le recuerda a su esposo:
-“Y ahí fue donde ya ustedes, entonces, asumieron la dirección de la empresa”.

Hans:
- “Sí. Ahí empezamos a manejar la empresa. Mi hermano mayor era más de la parte técnica y más de la parte de ventas, y yo era más la parte administrativa. Era más o menos el año 1974 o 1975”.

Werner explica cómo don Juan Bansbach , en aquellos años, hizo lo que hoy conocemos como reciclaje de materiales:
- “Algo interesante de la casa del Coco, es que todas las divisiones de los cuartos y algunas paredes, fueron hechas con el material en que venían empacados los órganos y los instrumentos… que venían como en una lámina comprimida. Un tipo de playwood, acartonado, fuerte… Y todavía creo que hay pedacitos de la casa que tienen de ese material”.

Hans confirma:
- “Todavía hay pedazos de ese material”.

Werner:
-“Esa casa aún existe y seguimos yendo ahí a vacacionar”.

Marlise:
- “Ya se ha arreglado”.

Werner:
- “Ahora se ve muy diferente. Pero me parece bien interesante ese dato de que gran parte de la casa se construyó con los materiales donde venían empacados los instrumentos”.

La entrevista en casa de esta familia de empresarios costarricenses-alemanes continúa , llevándonos a diferentes facetas de su historia como familia y de la historia de su empresa.
Así, llegamos al tema de quiénes son los clientes de Juan Bansbach Instrumentos Musicales.

Sobre tiendas y clientes de Bansbach

Werner nos habla sobre esto:
- “Tenemos clientes que compran al mayoreo, clientes que compran instrumentos musicales específicos, otros que compran productos relacionados con audio.
Ahí, como decía yo, cualquier persona es un cliente, es algo muy bonito, digamos, donde puede estar en un mismo momento, una monjita comprando, a la par de un rockero, a la par de alguien para la iglesia; un ejecutivo comprándose una guitarra.
Todos los que tienen una afinidad con la música, en realidad son parte de la familia de clientes.
Tenemos una filial en Nicaragua, de la que, oportunamente, contaremos la historia. En Honduras hubo otra filial, pero esa cerró, Hubo y hay otras tiendas que se abrieron: en Cartago, otra sucursal en Avenida Central de San José,

Hans agrega:
- “Hubo una sucursal en Puntarenas de la Academia”.

Werner:
- “En Plaza del Sol, en Yaohan”.

Hans:
- “En el Colegio La Salle tuvimos una vez”.

Hans:
“- En (Centro Comercial) El Pueblo era un local alquilado que lo trató de manejar Lencho Salazar. Entonces nosotros poníamos a disposición la mercadería. Pero a él no le funcionó y entonces puso a un cuñado a manejarlo. Pero tampoco funcionó. Y entonces ellos lo volvieron a cerrar.

En el Centro Comercial de Cartago . Después tuvimos una tienda en La LLacuna. En la Avenida Central. Y se cerró cuando Costa Rica tuvo la crisis, en el gobierno de (Rodrigo)Carazo, que el precio del dólar se disparó. El contrato de alquiler era en dólares. Y, a pesar de que la legislación permitía pagar el mismo monto en colones, diay, yo fui a hablar con doña Nury Raventós y le dije:
- “Vea, yo no quiero hacer eso, porque me parece incorrecto. Yo firmé en dólares y no voy a pagarle ahora lo que era el valor anterior, en Colones. Pero tampoco puedo pagar el alquiler en dólares.
Porque, de un día para otro, nosotros, después de unos cuantos meses, no estábamos vendiendo absolutamente nada. Nada, nada, nada… cero. ¡No entraba nadie Y entonces, nos vimos obligados a cerrar. ¡Era una tienda muy bonita!”

La Academia Bansbach

Ciro Vargas era un tecladista, organista y él era de San Carlos.
También fue tecladista de (la Orquesta) Los Diamantes.

Don Hans nos cuenta que:
- “Un día yo le dije a Ciro:
- Ciro, mirá. Mañana viene un instructor de Yamaha, de México, para dar un curso. Y le enseñé el aula, explicándole de qué se trataba el curso. Porque no había conseguido a nadie que se interesara por eso, por recibir ese entrenamiento. Me dice:
- Ah, yo me quedo aquí. Yo esta semana no tengo nada.

Y era una semana entera de instrucción. Empecé con él. Y cinco alumnos. Y Yamaha me exigía seis alumnos. Entonces me metí yo de alumno (ríe).
Ya antes yo había recibido clases de piano y de acordeón.
Pero el órgano también tiene bajos. Doble teclado y tiene bajos. Pero bueno, estuvo interesante. Yo llegué hasta el Método 7. Ya después ya no tenía el tiempo para ir a clase.
Luego, fue necesario hacer una segunda aula. Se empezó a complicar. Y, como dice Werner, hoy en día tenemos, en Costa Rica, alrededor de mil alumnos”.

Werner:
- “En Nicaragua tenemos unos trescientos alumnos, más o menos.
En Costa Rica ahora estamos un poquito por debajo de los mil, por la pandemia. Pero ya vamos camino, otra vez, hacia los mil. Digamos que, tal vez para el próximo año, podremos recuperar el número”.

Hans:
- “Eso fue el nacimiento de la Academia de Música”.

El oído absoluto:
Niños que hablan el lenguaje de la música



La casa de La Paulina