Inicios. Decimotercera Secuencia, Atlan

Un sendero te lleva por lugares previstos,
mas, en tu propio sendero,
está la huella de tu rastro,
tus huellas.

Los humanos sabemos desde hace milenios que cada dieciocho años terrestres la Luna y la Tierra regresan muy aproximadamente a la misma posición en sus órbitas por lo que es fácil predecir y obsevar los similares eclipses. Así entonces, Felis y Benedo, juntos, van y vienen a la Tierra cada vez que hay un día con algunas pocas horas de oscuridad para rememorar continuamente el momento aquel en que se comprometieron mutuamente a dedicar sus vidas el uno al otro o bien, la una al otro y el otro a la una, en un eclipsado día de sol y luna muy cerca del plano de la eclíptica.

Buena parte de su tiempo, Felis y Benedo conviven en su propia noria y, en nanosegundos, van y vuelven a recónditas galaxias, a recónditos recintos astrales desde donde traen sus alimentos cultivados de manera natural por ellos mismos sin ningún otro cuido que la naturaleza misma, según en cada lar previamente escogidos años atrás en sus muchas andanzas de vivencias, juntos. Fue en su noria donde tuvieron alguna vez su único hijo, Rolando, que como sabemos, en sólo tres años de edad ya solito se preparaba sus alimentos e invitaba a su mesa a sus progenitores y, pasado un tiempo similar, se movía en la noria como toda una persona adulta presta a iniciar su propia vida lejos de sus padres pero siempre en cercanía con ellos; a fin de cuentas bastaban unos pocos nanosegundos para ir y venir donde quisiera.

Según nos contó Rolando, a Benedo y Felis no les fue difícil aceptar sus nuevas vidas en la Civilización Espacial. Unos seiscientos años antes, cuando vivían en la Tierra, su trabajo profesional consistía en atender parejas con problemas tanto ambientales como sicológicos, propios de la sociedad en que vivían. Era normal y generalizado que las parejas tenían hijos con dependencia hacia los padres; esa dependencia podía abarcar unos quince o más años de edad a partir del posparto, porque en esos años en la Tierra, tener un bebé cambiaba el entorno del matrimonio al punto de que era todo un desafío.

La llegada de un hijo es siempre motivo de alegría pero, en aquellos tiempos, eran también causa de conflictos incluso en las relaciones de pareja más sólidas. Y es que por lo general las parejas no estaban preparadas para sus vidas después del nacimiento primogénito. Entre la nueva mamá y el nuevo papá anidaban con facilidad las discusiones explosivas, con fuertes golpes verbales, en conversaciones frustrantes que rara vez resolvían en algo favorable. Y esto sucedía porque la atención que demandaba el nuevo ser deterioraba la comunicación entre sus progenitores, así como su intimidad y el tiempo de vivencias juntos, afectados por la falta de sueño tranquilizador y la ansiedad financiera y, el entorno sexual y cariñoso afectado en demasía.

Felis y Benedo se conocieron siendo estudiantes universitarios. En la Tierra no tuvieron hijos y fueron rescatados por uno de los grupos de Titlania justo en el nanosegundo anterior a su muerte terrestre, cuando antisociales les chocaron de frente a una velocidad no prevista, y ni siquiera imaginable, que sucedería justo donde se juntan las líneas imaginarias equinoccial coluro y el ecuador terrestre en el territorio marítimo de la Costa Rica.

Benedo y Felis venían de dar una conferencia que denominaron "Las madres de todas las madres" donde explicaron a futuros profesionales sobre Helenas Mitocondriales, aportando evidencias y controversias del material genético de nuestras células desde mucho antes de su nacimiento allá en Zimbabue y Botsuana, en el sur de África, haciéndoles saber que una pizca de su ADN está presente en todas las generaciones de nosotros los humanos a partir de entonces y explicaban que eso incluye posibles conflictos genéticos que, con el embarazo, podrían existir complicaciones para el nuevo ser y la madre, en el entendido que descendemos de una amplísima gama de humanidad que incluye reyes, guerreros, científicos, personas de buena voluntad y antisociales de larga especie.

En esa conferencia repitieron lo que supieron en sus tiempos de estudiantes, recordando y haciendo hincapié, en que todas nuestras células contienen un orgánulo que produce energía llamada mitocondria que utiliza nuestro cuerpo para funcionar. Felis irradiaba felicidad al decir que las mitocondrias eran minigeneradores con la característica única de tener su propio ADN que heredamos de manera exclusiva de nuestras madres, de mujer a mujer, porque las mitocondrias del gameto masculino desaparecen en el proceso de fusión entre el óvulo y espermatozoide. Cada hija tiene una madre y no todas las madres tienen solamente hijas porque si tienen hijos varones su ADN mitocondrial no estará en sus nietos.

Esa última conferencia de Benedo y Felis fue recordada durante muchos años después por aquellos jóvenes estudiantes que llegaron a poner en práctica en sus consultorios profesionales y, en elguna conferencia dada a los nuevos profesionales recordando sus tiempos idos. Repetían casi igualmente las palabras dichas por Felis y Benedo grabadas para la posteridad cuando dijeron que "los momentos felices de una pareja fue, cuando ambos, luego de saber que ella está embarazada, hablaron sobre el color con el que pintarían la habitación del bebé, el nombre que le darían al bebé y su ropita para el primer año".

Y tal como dijeron Felis y Benedo repetían "no imaginaron siquiera los posibles problemas que podrían surgir, como la atención de la dentadura del bebé y los cuidados médicos entre muchas otras cosas". Y es que, repetían, "no lo sabían, aunque tenían un cierto conocimiento teórico. No fue igual cuando llegó el segundo embarazo". Mi curiosidad me llevó a asistir a una de esas charlas pasando inadvertida. Entendí que para el futuro papá podía ser algo relativamente confuso y desorientador al ver cambios en su pareja manifiestos desde antes del nacimiento del bebé.

Fui parte del grupo de observadores de Titlania y en un análisis convinimos en que eran como situaciones de salud mental comunes en el período prenatal y posnatal de esos tiempos terrestres. Salvaguardando su amor entre pareja, muchas personas lograron comunicarse mejor y fortalecieron su relación aunque no del todo como mejorar en su nivel de intimidad física. Su relación sexual se tornó un tanto rara pero alcanzaron unión en caricias y abrazos proclives a otros tipos de afecto, como autoestima, donde la identidad está ligada a ser madre, manifiesta también hacia su pareja, como un trato agradable y más segura de sí misma. Para él, dejó de ser la chica de sus sueños y aceptó la vida de manera pasiva, sin más alternativas.

En la actualidad Felis y Benedo, luego de formar parte de unos de los grupos de Titlania han establecido su propio grupo y han rescatado no menos de veinte personas en un trabajo arduo de contemplación y estudio. Recientemente Rolando llegó con unas amistades y con buen ánimo departieron con su música cantando en castellano, francés e inglés y claro, complaciendo a Benedo y Felis con su canción de tiempos idos, con atención en su recordado jingle de la canción:


You're still the one I run to
The one that I belong to
You're still the one
I want for life
You're still the one that I love
The only one I dream of
You're still the one
I kiss goodnight

Cuando pasas la página de un libro, en sólo nanosegundos vas de un lugar a otro y así sucesivamente al pasar de una página a otra. Así en tus recuerdos y a veces en tus sueños.
Un sendero te lleva por lugares previstos,
mas, en tu propio sendero,
está la huella de tu rastro,
tus huellas.



Inicios. Decimocuarta Secuencia, AWA



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Tercera Secuencia, Titlanias


Segunda Secuencia, Titlania


Primera Secuencia, proemio


Cuarta Secuencia, Titzú


Quinta Secuencia, Espacial


Sexta Secuencia, Solsticios


Sétima Secuencia, Solsys


Octava Secuencia, Serendipias


Novena Secuencia, Siboney


Décima Secuencia, Aevah


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Duodécima Secuencia, Solxiré


Décimo Tercera Secuencia, Atlán


Décimo Cuarta Secuencia, AWA


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